Vivir siendo señor

Autor: Padre Eusebio Gómez Navarro OCD

Sitio del Padre

 

 

  Un rajá de la India al morir apretaba tan fuertemente una preciosa perla entre su puño, que fue necesario violentar sus dedos para poder arrancársela.

Hemos de recordar también que durante el sitio de la Constantinopla por los otomanos el emperador se arrodilló ante los ricos de la ciudad implorando de ellos su ayuda para hacer resistencia al enemigo.

Los ricos se mofaron de él. Luego, al escuchar el rugir del cañón en las puertas de la ciudad sitiada, se apresuraron a ofrecerle todo cuanto él quisiera.

Pero el emperador rechazó la ayuda que ellos ofrecían y les dijo: “Morid con vuestros tesoros ya que no podéis vivir sin ellos”.


Miguel Limardo


Aprender a vivir es toda una ciencia. No todos logran escoger un tesoro verdadero que les permita satisfacer plenamente el corazón. Para que éste quede libre, tiene que ser señor de todos los bienes. Cuando los bienes son señores, entonces el corazón se convierte en esclavo de lo que posee. En vez de poseer, será poseído. Por eso hay personas que, viven con la única aspiración de amontonar y poseer bienes como si nunca fueran a morirse.


Dios nos ha creado para que seamos libres, si ponemos nuestro corazón en Él. Cualquier persona que le escoge como “tesoro” y le ama, “no puede querer satisfacerse ni contentarse hasta poseer de veras a Dios” (San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual 6.4).
Nuestra humanidad sacrifica y canjea la libertad de tener a Dios por otros caprichos que impone la moda. En nuestro hoy, por desgracia, no se estila creer en el que tiene que ser el único Seor de nuestras vidas. El mundo quiere que pensemos y sintamos todos según sus principios, que llevamos la misma albarda: “si se estila llevar albarda, póntela y calla”.

Es curioso constatar cómo se cumple lo que afirma Von Baltasar; “A medida que progresa la organización técnica del mundo…el conformismo se convierte en regla universal, tanto para los cristianos como para los demás. Y, así, vemos como va desapareciendo, a un ritmo acelerado, la raza de los espíritus libres…”