Mi propio hijo

Autor: 

 

 

La M. Teresa cuenta que una vez recogió de entre los escombros a una anciana señora que se estaba 
muriendo. Lo único que, con amargura, no dejaba de repetir era: ¡Me lo ha hecho mi propio hijo!
No es que dijese: “Me muero de hambre. Ya no aguanto más”. Su obsesión no era otra que decir: ¡Me ha 
hecho esto mi propio hijo!
Me llevó tiempo –decía la M. Teresa– poder oírle decir: “Perdono a mi hijo”.
Lo musitó a punto ya de expirar.