Ante Tí Señor

Autores: Carla Renee, Juan Guillermo, Carlos Noël-Izaeni

 

Sabes Señor, ya no recuerdo cuando fue la última vez que platique contigo.

Sé que ha pasado mucho tiempo.

Esta mañana me levante muy apresurado(a) pues era un poco tarde. Busque la ropa que habría de usar ese día, me di una ducha acelerada, me vestí y alisté para salir. Poco antes de irme pasé por los cuartos de mi familia, descansaban tranquilos y apaciblemente. No sé qué fue en realidad, pero tuve una extraña sensación. En ese momento no le di mucha importancia, de modo que solo me detuve ese instante para luego salir.

De camino, nuevamente esa sensación se presentó, y no entendí porque, pero me hizo levantar mi vista al cielo ... como era de madrugada, aun se veían algunas estrellas y una hermosa luna, las cuales contemple como si fuera por primera vez. Esta vez la sensación se mantuvo un poco más.

Ya en el autobús, no podía dejar de observar a través de la ventanilla los
delineados rojizos de las nubes, como si alguien las hubiera pintado en el
firmamento; vaya amanecer!

Una vez que llegué a mi destino, baje aprisa del autobús pues tenía el
tiempo encima, pero una suave brisa y un aroma a humedad me retuvieron y erizaron mi piel, de tal forma que hasta extrajeron de mi, una sonrisa y una alegría enormes ... fue una mañana maravillosa.

De regreso a mi casa, todo llamaba mi atención, aun y cuando ya lo había visto. Todo reflejaba una completa armonía: se veía diferente.

¿Por qué no lo había notado antes?

Recuerdo como la noche anterior pensaba en la soledad tan inmensa que vivía y como envidiaba la felicidad de los demás.

Me sentía en profunda depresión: ¿Que había hecho de mi vida? ...

 Sabes, ni siquiera te he agradecido por ella.

Últimamente, mis días los empiezo tan aprisa que al final los termino de la misma forma; incluso ya no me preocupo por compartir un momento con mi familia y muchas veces me he aislado de ella. Siempre con un horario que cumplir.

Pienso en todos esos momentos y cosas bellas de cada día, en las cuales te muestras como eres y te abres a mí para que platique contigo, y yo he estado tan inerte ante ellos. La verdad, no siempre tendré la oportunidad de disfrutarlos.

Es por eso que estoy aquí, Señor ;  reflexionando; me di cuenta que todos los días has estado presente. He recordado al Amigo de quien ya me había olvidado y a pesar de todo Él no me ha fallado. Fui yo quien abrumado(a) por los problemas no podía darme cuenta de que ahí estabas.

Así que, aquí me tienes, queriendo empezar de nuevo, desde abajo, ser
humilde de corazón; quiero ser servicial sin conveniencia; sentir necesidad de aprender de los demás y de aconsejar; tengo deseos de contemplar el amanecer y el atardecer para sentir los primeros y últimos rayos del Sol como un cálido abrazo tuyo; de observar las estrellas en la noche y darme cuenta de lo pequeño que soy y de cuanto te necesito; de disfrutar del aire golpeando mi rostro y saber que necesito de tu soplo de vida; de estar en medio de la lluvia y empaparme de tu amor; de ver en las demás personas tu rostro, de entregarme a ellas y renovarles su deseo de vivir, como lo siento ahora; de correr y tu cuidándome; de avanzar y tu guiándome; de estar caído y tu levantándome; llorando y tu consolándome; riendo y tu compartiendo mi alegría; en fin de estar aquí, platicar contigo, apartado del mundo, no en la soledad, sino en un momento intimo, solos Tú y yo, escuchándote y escuchándome; sintiendo tu presencia muy cerca y que otro lugar más cercano que mi corazón, para no volver a la soledad; saberme necesitado de tu amor,
saber que Tú estas, has estado y siempre estarás conmigo.

Mi gran amigo que no me ha fallado.